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\ mi — exclumó Pepe — dejadme el papel de médico; vereis con que seguridad receto y te diré:

„jVeamos ese pulso!" jAh! y antes que se me olvide. 4 Que enfermedad es mas de tu agrado?

Yo creo que una congestión pulmonar; noosparece?

— interrumpió la victima propiciatoria.

— Justo; congestión: sangre, exceso de sangre.

Tü, Pepe: tapa esa ventana como en La bohemia; le

diremos al tlo que el sol te hace mucho dano; después de todo, te levantas siempre de noche; aqul la escupidera; hay que echar agua y vino, color de sangre.

— iPara qué?

— Hombre, para que cuando yo entre, vea los esputos. ^ No quedamos en que soy el médico?

Golpe de campanilla. Arturo, sin darle tiempo a prepararse, vestido y todo se zambulló mas que aprisa en la cama.

— I Dónde esta? i Dónde esta esa criatura?

jChist! — advirtió Pepe al tlo, que tan bruscamente

se presentaba en escena. — ; Mas bajo! Una emoción fuerte podrfa comprometer su vida.

— ^Pero tan malo esta?

— Mire usted, el deber de un médico es decir siempre la verdad: le encuentro muy postrado.

— Pero un muchacho tan fuerte, tan sano....

— Esa es la vida, amigo mio. Ya ve usted, hoy es la tercera visita que le hago. Vamos a ver, ^ cómo esta el enfermo?

— dijo en alta voz Pepe acercandose k Arturo, que pugnaba por contener la risa debajo del embozo. — A ver ese pulso. [Hum! Esta pi'cara calentura no quiere ceder. ^Ha tosido mucho ? | Mire usted los esputos 1 — advirtió con cierto gesto Pepe al bueno del tlo.

— Hombre, si que es un color raro.

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