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D. Gonz, — Y eso que empezamos riiiendo.

Da. L. — 1'orque usted me espantó los gorriones.

D. Gonz. — Venfa muy mal templado.

Da. L. — Ya, ya, lo vi'. ^Va usted a volver manana?

x). Gonz. — Si hace sol, desde luego. Y no sólo no espantaré los gorriones, sino que también les traeré miguitas.. .

D«. L. — Muchas gracias, senor... Son buena gente; se lo merecen todo. l'or cierto que no sé donde anda mi chica... (Se levanta.) ;.Qué hora sera ya?

l>. Gonz. — (Levantóndose.) Cerca de las doce. 'lambién ese bribón de Juanito... (Va hacia la derccha).

Da. L. — (Desde la izquierda del foro, mirando hacia dentro.) Al li la diviso con su guarda... (Hace senas con la mano para que se acerquc).

I). Gonz. — (Contemplando, mientras, a la s-enora.) [No. .. no me descubro. .. Estoy hecho un mamarracho tan grande... < Jue recuerde siempre al mozo que pasaba al galope V le echaba las flores a la ventana de las campanillas azules... ]

Da. L. — j Qué trabajo le ha costado despedirse! Ya viene.

D. Gonz. —Juanito, en cambio... ^Dónde estara Juanito? Se habra engolfado con alguna ninera. (Mirando hacia la derecha primero, y haciendo senas como Dofia Laura después.) Diablo de muchacho...

D«. L. — (Contemplando al viejo.) [No. .. 110 me descubro.. . Estoy hecha una estantigua. . Vale mas que recuerde siempre a la nifia de los ojos negros, que le arrojaba las flores cuando él pasaba por la veredilla de los rosales...]

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