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Da. L. — Ya llegamos... j Gracias a Dios! Term que me hubieran quitado el sitio. Hace una manana tan templada..

Petra. — Pica el sol.

D». L. — A ti, que tienes veinte anos (Siéntase en el banco.) j Ay ! Hoy me he cansado mas que otros dfas. (Pausa. Observando a Petra, que parece impaciente.) Vete, si quieres, a charlar con tu guarda.

Petra. — Senora, el guarda no es mk>: es del jardin.

D». Ij. — Es mas tuyo que del jardin. Anda en su busca, pero no te alejes.

Petra. — Esta allf esperandome.

D». L. — Diez minutos de conversación, y aquf en seguida.

Petra. — Bueno, senora.

Da. L. — (Detenir'ndola). Pero escucha.

Petra. — iQué quiere usted?

D». L. — j Que *) te llevas las miguitas de pan!

Petra. — Es verdad; no sé dónde tengo la cabeza.

Da. L. — En la escarapela del guarda.

Petra. — Tome usted. (Le da un carlucho de papel pequenito, y se va por la izquierda).

Da. L. — Anda con Dios. {Miranda hacia los drboles de la derecha). Ya estan llegando los tunantes. ; Cómo me han cogido la hora! (Se lecanta, va hacia la derecha y arroja adentro, en tris punaditos, las migas de pan). Estas, para los mas atrevidos... Estas, para los mas glotones... Y éstas, para los mas granujas, que son ios mas chicos... Je **)... (Vudve a su banco y desde él observa complacida el festin de los pajaro8). Pero, hombre, que siempre has de bajar tü el primero. .. Porque eres el mismo: te conozco. Cabeza gorda, boqueras grandes... Igual a mi administrador. Ya baja

*) Véase Tomo I, p. 255, 6o.

**) i Je, je, je! interjecoión con que se denota la riaa.

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